En Guatemala, un ojo ciego a la violencia contra las mujer
Esta semana, Jorge Velázquez hizo un esfuerzo por ver el noticiario.
Guatemala tiene uno de los índices de asesinatos más elevados del mundo y frecuentemente, solo los titulares bastan para causar malestar a cualquiera.
Y cuando hace poco Jorge supo por las noticias que en una calle de la Ciudad de Guatemala se había encontrado a dos niñas de unos 6 y 12 años muertas por estrangulamiento, le inundó un repentino torrente de recuerdos.
Uno de estos recuerdos fue de su hija que hace diez años también fue hallada muerte. Había sido brutalmente asesinada en la Ciudad de Guatemala y su cuerpo se arrojó en el callejón. Solo tenía diecinueve años.
Desde entonces ha trabajado incesantemente, visitando innumerables veces la sede del Ministerio Público, sugiriendo líneas de investigación y presionando para que se resolviera el caso de su hija.
Pese a todo, no se habia ningún avance tangible.
Amnistía Internacional, además de otras organizaciones de defensa de los derechos humanos, han encontrado graves deficiencias en la efectividad de la investigación, incluyendo que no se hubieran realizado las pruebas pertinentes a los principales sospechosos para determinar si habían disparado un arma. Además, las autoridades pretendieran devolver las ropas de Claudina a su familia en vez de realizar con ellas las oportunas pruebas forenses. Los asesinos de Claudina no fueron nunca encontrados.
“Yo sigo pensando que la situación ha llegado a esos extremos por causa de la indiferencia de la sociedad, que no reacciona ante nada. La indignación no es suficiente: la indignación se tiene que expresar”, afirma Jorge.
Desgraciadamente, la historia de Claudina no es excepcional en Guatemala.
Hay señas del progreso como la realización de las promesas de muchos presidentes sucesivos del país sobre la prevención del crimen en contra de las mujeres y la aprobación del Congreso en 2008 de una ley que se establecía tribunales especiales y directrices para la imposición de condenas. A pesar de estas medidas, las cifras siguen contando una historia bien distinta.
Según datos oficiales, en 2012 solo, unas 560 mujeres fueron asesinadas, y muchas de ellas después de haber sido agredidas sexualmente.
La mayoría de estos casos no son objeto de una investigación efectiva, y menos del cuatro por ciento de todos los homicidios en Guatemala terminan en la condena de los autores.
Rosa Franco sabe muy bien lo que Jorge está sufriendo porque ella encontró muerta su hija María Isabel, que tenia 15 años, en diciembre de 2001.
Rosa la vio por última vez la mañana del 16 de diciembre, cuando María salía hacia su primer día de trabajo en un centro comercial local.
Cuando María no regresó a casa, Rosa empezó la búsqueda. Tres días después, encendió el televisor y vio una imagen de su hija en el noticiario. Habían encontrado su cadáver tirado en una calle de la Ciudad de Guatemala.
“Me costó reconocerla”, recuerda ahora.
Desde entonces, Rosa no ha dejado de intentar que se lleve a cabo una investigación adecuada sobre lo que le sucedió a María Isabel, aunque personas anónimas la han amenazado de muerte y la han acosado.
La investigación se aplazó tantas veces que Rosa llevó su causa ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (la más alta instancia en materia de derechos humanos en la región), la cual resolvió en octubre de 2006 que el Estado de Guatemala había demorado sus investigaciones sin ningún motivo justificado.
La causa se ha elevado ahora a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que están incrementando la presión para acción sobre las autoridades guatemaltecas.
“De haber sido la hija de un diputado o de un ministro ya habrían agarrado a los autores. Pero no les importa. Es que era una marera, es que era una prostituta. Eso es lo que me dijo a la cara la persona que llevaba el caso”, asegura Rosa.
Amnistía Internacional ha pedido en repetidas ocasiones que las autoridades guatemaltecas adopten medidas para proteger a las mujeres contra la violencia, y que garanticen que tanto las investigaciones como los enjuiciamientos de homicidios de mujeres se llevan a cabo de forma efectiva, oportuna y exhaustiva.
“Yo diría al gobierno que reaccione, que deje de mentir, deje de decirnos que la situación está mejor: no se puede decir que está mejor si siguen ocurriendo crímenes tan espantosos como estos. Yo diría al gobierno que cumpla con sus deberes de protegernos, que es la función básica de un gobierno”, concluye Jorge.
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Etiquetas: Guatemala, violencia contra la mujer

